Jóvenes diseñadores web, desarrolladores informáticos y consultores de marketing concluyen su formación y se instalan en un coworking para trabajar como freelancers o autónomos. De esta manera consiguen abaratar costes. Es difícil empezar hasta que un proyecto comienza a dar beneficios y el profesional se hace con una cartera de clientes suficiente. Lo que pocos saben es que esa decisión, la de ponerse a trabajar en el coworking, va a mejorar la impresión que dejan a clientes y colaboradores y, por consiguiente, van a traerles mejores encargos.
Sara, después de terminar el grado superior de marketing y publicidad, decidió establecerse como consultora de marketing. Pensaba llevar el SEO y SEM de empresas locales y redactar el copy de los anuncios y páginas web. Estuvo tentada de ofrecerse también como Community Manager, pero pensó que ese puesto estaba saturado. Había demasiada competencia.
Al mismo tiempo que estudiaba F.P. seguía los videos que colgaban en internet los gurús del marketing. Pensaba que controlaba bastante bien el proceso y que su idea de negocio iba a triunfar.
Como acababa de empezar, instaló su oficina en su habitación. Visitaba las webs de negocios de su ciudad y luego les enviaba un correo electrónico, sugiriéndoles cambios para mejorarlas y hacerlas más productivas. Les proponía concertar una videollamada para explicarles las mejoras que se podían hacer y ofrecerles sus servicios.
Adaptó un set de rodaje en su habitación. Con una librería plagada de libros a su espalda. Muchas de las empresas con las que contactaba eran negocios tradicionales que estaban dando el salto al mundo digital, con la llamada por video no tenían suficiente. Pedían una entrevista personal.
A Sara no se le ocurrió otra idea que concertar las entrevistas en la cafetería de un hotel que estaba en el centro. Cuando un cliente le pedía conocer su oficina, el mundo se le venía abajo. Cómo les iba a decir que trabajaba en la misma habitación donde dormía, en el piso de sus padres. Notó que muchos contratos se le escapaban de las manos porque no daba impresión de profesionalidad.
Si se hubiera puesto a trabajar en un coworking, quizás las cosas le hubieran ido mejor.
¿Quién trabaja en los coworkings?
El blog norteamericano List Space señala que los coworkigs son ecosistemas diversos en los que trabajan una gran variedad de profesionales modernos.
Los espacios de coworking se han convertido en una alternativa cada vez más habitual dentro del mundo laboral actual. Su crecimiento responde a una nueva forma de entender el trabajo, más flexible y conectada, en la que muchas personas no necesitan una oficina tradicional para desarrollar su actividad. Estos espacios reúnen en un mismo entorno servicios profesionales, zonas comunes y una comunidad que favorece el intercambio de ideas entre perfiles distintos.
Uno de los aspectos más llamativos del coworking es la diversidad de personas que lo utilizan. En un mismo espacio pueden coincidir profesionales autónomos, emprendedores, empleados en remoto y pequeñas empresas que buscan un entorno más dinámico. También son frecuentes los perfiles creativos, como redactores, diseñadores o fotógrafos, que valoran trabajar en un lugar que combine concentración y contacto profesional. Para muchos de ellos, el coworking representa una solución intermedia entre trabajar desde casa y asumir el coste de una oficina privada.
Los trabajadores independientes encuentran en estos espacios un entorno que mejora su productividad. Trabajar desde casa puede generar aislamiento o distracciones constantes, mientras que un coworking ofrece una rutina más estable y un ambiente preparado para el trabajo diario. La conexión a internet de alta velocidad, las salas de reuniones y la posibilidad de recibir clientes en un entorno profesional aportan una imagen más sólida y organizada. Además, compartir espacio con otros profesionales facilita la creación de contactos que pueden convertirse en futuras colaboraciones.
Las startups y pequeños proyectos empresariales también encuentran en el coworking una opción atractiva. Muchas empresas emergentes necesitan reducir gastos en sus primeras etapas, y estos centros permiten disponer de una infraestructura profesional sin realizar una inversión inicial. Al mismo tiempo, el contacto con otros emprendedores favorece el intercambio de ideas, que puede dar lugar a nuevas oportunidades de negocio. En muchos casos, la comunidad que se crea dentro del coworking es tan valiosa como las propias instalaciones.
Un espacio para trabajar en remoto.
La expansión del teletrabajo durante la pandemia del COVID-19 hizo pensar que la forma de trabajar cambiaría de manera definitiva. Durante ese periodo, muchas empresas trasladaron su actividad a los hogares de sus empleados para mantenerse en funcionamiento. Aunque en un primer momento parecía una solución eficiente, especialmente por el ahorro en costes, con el tiempo se ha comprobado que no siempre es la opción más productiva ni la más cómoda para todos.
En la actualidad, muchas empresas han optado por modelos híbridos que combinan trabajo en casa con presencia en la oficina. Tres días a la semana en las instalaciones de la empresa, y uno o dos días trabajando desde casa. Sin embargo, tanto para trabajadores en remoto como para profesionales freelance, el domicilio no siempre ofrece las mejores condiciones para trabajar. Las distracciones, la falta de separación entre la vida personal y laboral o la sensación de aislamiento pueden afectar al rendimiento. En este contexto, los espacios de coworking han ganado protagonismo como una alternativa al teletrabajo.
Para quienes teletrabajan, el coworking permite recuperar una rutina similar a la de una oficina, pero con mayor flexibilidad. Ofrece un entorno diseñado para concentrarse, con buena conexión a internet y espacios adecuados para reuniones o videollamadas. Esto facilita mantener la productividad sin renunciar a la comodidad de no depender de una sede fija.
En el caso de los profesionales freelance, el valor es aún mayor. Trabajar por cuenta propia puede implicar pasar muchas horas en solitario, lo que a largo plazo puede resultar poco estimulante. El coworking rompe ese aislamiento al crear un ambiente compartido con otros profesionales, donde surgen conversaciones, intercambios de ideas y posibles colaboraciones.
Los coworkings combinan lo mejor de ambos mundos: la independencia del trabajo en remoto y la estructura de una oficina. Por eso se han convertido en una opción cada vez más utilizada por quienes buscan trabajar con mayor eficiencia sin renunciar a la flexibilidad.
La opción de la oficina virtual.
Uno de los servicios más recientes que están incorporando muchos coworkings es la posibilidad de utilizar su dirección como domicilio fiscal y comercial. Es lo que se conoce como oficina virtual, ya que se puede hacer aunque el profesional no use presencialmente las instalaciones. Esto significa que puede recibir allí su correspondencia e incluso utilizar esa dirección en sus facturas. Se trata de una solución práctica para quienes necesitan una dirección fija sin tener que alquilar una oficina tradicional.
Este servicio resulta especialmente útil para profesionales que viajan con frecuencia o que desarrollan su actividad de forma remota. También es una opción interesante para autónomos que trabajan desde casa, pero prefieren no utilizar su dirección personal en documentos oficiales. Contar con una dirección vinculada a un espacio profesional aporta una imagen más seria de cara a clientes y proveedores, algo que puede influir positivamente en la percepción del negocio.
Para entender bien cómo funciona este servicio, conviene diferenciar entre domicilio social y domicilio fiscal, una distinción que explica con claridad la web Infoautónomos. El domicilio social es la dirección que figura en los estatutos de la empresa y que está inscrita en el Registro Mercantil. Es, por tanto, la sede oficial de la compañía, donde en teoría pueden localizarla.
En cambio, el domicilio fiscal es la dirección utilizada a efectos fiscales. Es donde se reciben las notificaciones de la Agencia Tributaria y la que aparece en las facturas. Aunque es fundamental para la gestión administrativa, no tiene el mismo carácter público ni legal que el domicilio social.
Gracias a este servicio, los coworkings facilitan que muchos autónomos y emprendedores puedan desarrollar su actividad con mayor flexibilidad. Les permiten separar su vida personal del negocio, mejorar su imagen profesional y gestionar sus comunicaciones de una forma más organizada.
Su principal ventaja está en la flexibilidad.
Ellie, una freelance que trabaja con frecuencia en Mitre, 125 Workspace, un centro coworking ubicado en plena zona empresarial y financiera de Barcelona, por encima de la Avenida Diagonal, resalta que la flexibilidad es lo más interesante de los coworkings.
Aparte de espacios compartidos de trabajo, donde el profesional se instala con su portátil, el coworking dispone de oficinas privadas donde se puede reunir un equipo sin que nadie les moleste, salas de reuniones donde atender a los clientes, y salones más amplios donde se puede hacer una presentación o, incluso, una actividad formativa. Lo mejor de todo, es que solo se pagan cuando se utiliza.
Esta es una tónica dominante que encuentras en todos los espacios coworking, tanto de España como a nivel internacional. Una ventaja que no tiene precio, puesto que el profesional o la empresa que empieza, tiene a su alcance las mismas instalaciones que una empresa consagrada, sin haber tenido que invertir previamente en ellas.
La revista Evasión 10 subraya que el coworking es mucho más que un espacio de trabajo. Desde que se creó el primer coworking en Nueva York, en 1999, el 42 West 24, el uso compartido de los espacios ha sido su seña de identidad. Los gastos de las instalaciones se sufragaban entre todos los que lo usaban, De esta manera, cualquier usuario del coworking podía disponer de internet, de impresión de documentos, de servicio de fotocopias y de sala de reuniones.
Se podría haber dividido a escote, poniendo un precio común para todos; pero se prefirió cobrar los servicios en función de su uso. Así, quien utiliza un despacho para reunir a los colaboradores o para atender a un cliente, no tiene por qué pagar lo mismo que quien ocupa una mesa en un espacio abierto, para trabajar individualmente. Del mismo modo, quien usa este espacio compartido, sabe que tiene a su disposición otras instalaciones más grandes para cuando las necesite.
Es tal la ventaja que ofrece este planteamiento, que hasta empresas consolidadas, utilizan los coworkings para fijar en ellos sus delegaciones locales o para prospectar una zona antes de decidir extenderse a ella.
Mejora la imagen que tiene el cliente.
Romuald Fons, fundador y director de Big SEO, uno de los referentes del marketing digital en el mundo hispano, ha contado muchas veces que empezó trabajando en un coworking y que aquello impresionaba a los clientes que querían contratarle.
El popular divulgador del SEO independiente ha vendido siempre una imagen de out-sistem, que es probable que tenga algo de cierto.
Después de probar varios negocios que no le habían funcionado, empezó a replicar un tipo de web nicho que le estaba funcionando a algunos SEOS norteamericanos. Romauld le llamaba TSA (Tienda de Sitios de Afiliación) y las posicionaba con rapidez por medio de palabras clave, monetizándolas con afiliación de productos de Amazon. Es decir, recomendaba productos desde su web y por cada venta se llevaba una comisión.
Lo más sorprendente de este planteamiento es la cantidad de tráfico que llegaba a atraer y lo rápido que posicionaban las páginas en Google. Esto hizo que otras empresas le llamaran para que trabajara para ellas. Que aplicara ese mismo enfoque desde sus páginas web corporativas.
Como sucede en el mundo online, el primer contacto se hacía por videollamada. Romuald se colocaba al principio del coworking, con la videocámara apuntando a toda la sala, y cuando hablaba con el interesado le decía: “esta es mi oficina, ¿te gusta?”.
El cliente se quedaba perplejo. No sé lo que esperaba encontrar. Quizás alguien encerrado en su habitación o hablando desde un bar cualquiera. Y de repente encontraba una oficina moderna, llena de personas que estaban concentradas trabajando. Si Romuald se venía arriba decía: “Y estos son mis colaboradores”. – Señalando a las personas que estaban detrás de él. Y no le faltaba razón, puesto que a medida que su negocio iba cuajando, algunos profesionales de perfil técnico que trabajaban en el mismo lugar que él, le ayudaron en perfilar sus webs.


