La necesidad de vivir experiencias al aire libre

Si bien los niños de hoy en día tienen acceso a mejores recursos educativos, a más estímulos y a más posibilidades que cualquier generación anterior, resulta preocupante la forma en que se redujo el tiempo que pasan al aire libre. Entre las pantallas, los horarios muy ajustados, el tráfico y la sobreprotección se ha ido recortando ese tiempo de exploración, tan necesario para el desarrollo infantil.

Este no es un tema que se pueda pasar por encima. Se debe tener muy en cuenta que, durante la etapa infantil, jugar fuera de casa no es tan solo una forma de entretenimiento o descarga de energía. Se trata de un momento de aprendizaje, necesario para el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social de los niños. Sin embargo, cada vez cuesta más garantizarla ya que, en muchos hogares, es una actividad que se fue perdiendo de forma inconsciente, sin que haya una decisión activa sobre el tema.

 

Lo que ocurre cuando un niño juega fuera

Los beneficios más evidentes de jugar al aire libre se pueden ver en el estado físico. Actividades como correr, saltar, trepar o simplemente moverse por distintas superficies activan grupos musculares que el sedentarismo deja sin usar. Por esta razón, la Academia Americana de Pediatría, en su portal HealthyChildren, recomienda al menos una hora diaria de actividad física activa para los niños en edad escolar, señalando que los espacios exteriores y el entorno natural son más efectivo para conseguirlo. A esto se suma la exposición a la luz solar, que permite regular los ciclos de sueño y favorece la producción de vitamina D, esencial para el desarrollo óseo. Tampoco es casualidad que el aumento de los problemas de visión en niños haya aumentado a la vez que el tiempo que se pasa al aire libre se redujo. Esto se debe a que la luz natural tiene un papel protector sobre el desarrollo ocular y, esa tarea, la iluminación artificial no la puede reemplazar.

Dejando de lado el aspecto físico, el estímulo del juego al aire libre tiene grandes efectos para las capacidades cognitivas. Esto se puede confirmar en la revista El Correo de la UNESCO, donde se revela que los niños muestran mejores niveles de atención y concentración en clase después de haber jugado al aire libre. Esto se debe a que el juego activo al aire libre estimula el flujo sanguíneo hacia el cerebro, lo que favorece la capacidad de concentración y aprendizaje. Además, los estudios han llegado a constatar que, cuanto más se exponen los niños a entornos naturales, más se reducen los problemas por déficit de atención, lo que ha llevado a algunos investigadores a pensar en el exterior como un entorno terapéutico.

Las experiencias vividas al aire libre también tienen efectos en el desarrollo emocional, ya que, al enfrentarse con situaciones inesperadas, se estimula la reacción para enfrentar riesgos y la capacidad para relacionarse. Todo ello contribuye a fortalecer la autonomía, la confianza en sí mismos y las habilidades sociales. Por eso, el juego libre se convierte en un entorno importante para estimular la creatividad y la capacidad de resolver problemas.

 

El problema de los espacios y el papel de las familias

Si el juego al aire libre tiene tantos beneficios, ¿por qué se practica cada vez menos? Para responder a esta pregunta, desde UNICEF se señalan varios factores combinados: el crecimiento de las ciudades, el aumento del tráfico, la reducción de los espacios verdes urbanos, la sobreexposición a las pantallas y la creciente tendencia de sobreprotección parental.

Ese último punto es un factor sobre el que las familias tienen influencia directa y, aunque nace de la preocupación por su seguridad, puede privar a los niños de experiencias necesarias para su desarrollo. Aprender a caerse, a resolver un conflicto, a aburrirse y encontrar por uno mismo una forma de entretenerse, son procesos que contribuyen a la madurez emocional. Ninguno de ellos se dará fácilmente bajo una supervisión excesiva o en entornos controlados. Se debe comprender que, si no se le permite explorar, el niño va a llegar a la adolescencia con menos recursos para gestionar la incertidumbre.

La respuesta más práctica que puede adoptar una familia es sencilla, basta con dedicar un momento diario al juego exterior, especialmente los fines de semana. Se trata de, simplemente, salir al aire libre un rato y dejar que los niños exploren con cierta autonomía. Cambiar el entorno modifica el tipo de juego y las experiencias que los niños tienen.

 

El espacio exterior empieza en casa

También se debe tener en cuenta que, para muchas familias urbanas, el acceso a parques o espacios naturales no es algo fácil ni inmediato. Para ello, contar con una terraza, balcón o jardín particular puede ser una ventaja que a menudo se menosprecia. Si se aprovecha y se acondiciona, puede convertirse en un espacio de juego y descanso ideal para los niños.

Para ello, este acondicionamiento tiene que tener en cuenta los distintos problemas que puede presentar el espacio. Como explican desde Toldos Clot, una terraza sin protección solar queda inutilizada durante buena parte del año, debido a las condiciones climáticas intensas. Para aprovecharlo durante todo el año, se debe pensar en su utilidad real y en maximizar el número de horas al año en que resulta posible disfrutarla.

Acondicionar el espacio exterior del hogar para que los niños puedan usarlo no requiere grandes obras ni altos presupuestos. Basta con tener una sombra adecuada, una superficie cómoda y algo de privacidad. Añadir algunos juegos y actividades puede ser ideal para transformar un balcón o una terraza en un lugar donde los niños quieran estar y se puede potenciar el tiempo compartido con la familia.

 

La potencia del exterior para el desarrollo interno

Los estudios sobre el desarrollo infantil llevan décadas insistiendo en que los niños necesitan tiempo al aire libre, con libertad de movimiento y de exploración. Garantizar ese tiempo es una de las cuestiones que los padres deben tener más en cuenta. Sin embargo, esta tarea muchas veces se ve afectada por el contexto y el entorno. Por ello, es necesario que la familia se haga tiempo para dedicarle al paseo al aire libre. Ya sea en el patio del hogar o en algún parque, es muy importante fomentar las actividades en el exterior para el bienestar infantil.

 

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