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Juegos de toda la vida para jugar con los más pequeños

Me da mucha pena cuando veo a los niños y niñas jugar con el teléfono móvil horas y horas. Igual ocurre con la videoconsola. Y es que ahora mismo los niños ya no saben lo que es divertirse si no lo hacen a través de una pantalla. Echo de menos cuando era pequeño y nos divertíamos hasta con una caja de zapatos, porque nos pensábamos que era un coche de Fórmula 1. Los niños y niñas tienen que recuperar estas costumbres, y por eso, quiero hacer un listado de cosas que hacíamos cuando éramos niños.

Esto nos puede valer tanto para nuestros hijos como para sobrinos o para los vecinos con los que quedamos a jugar el fin de semana. Entre todos tenemos que recuperar esta práctica de jugar con lo que sea, para que no estén pendientes toda la vida de una pantalla. Así que vamos a montarnos en una máquina del tiempo y volvemos a nuestra infancia. Seguro que más de uno lo agradece porque para mí han sido los años más felices de mi vida.

Chapas

Para mí era mi juego favorito. Y el más barato. Era tan fácil como coger las famosas chapas de las cervezas, o de refrescos y hacernos equipos de fútbol. Ya sabes que el portero será un tapón de los grandes, de los de refrescos de botella. Además, tenemos que hacernos la equipación de los equipos y poner números con sus nombres. Esto puede ser muy divertido para los más pequeños de casa si les gusta el fútbol porque pueden emular a sus ídolos. Por supuesto no puede faltar las porterías. En mi caso recuerdo que se hacían con cajas de cartón. Aunque si tienes a un manitas en casa también se puede hacer de madera. Lo vais a pasar pipa marcando goles.

Hacer figuras de barro

Es uno de los juegos más divertidos y constructivos que recuerdo. Los niños y niñas usan la plastilina y el barro tanto en la educación infantil como en la primaria. Mediante el juego, potencian su imaginación al tiempo que desarrollan sus habilidades motrices, aprenden los colores y los mezclan, y son capaces de modelar estructuras que simbolizan formas, animales, personas, objetos. Estos juegos siempre me recuerdan a mi infancia. Y posteriormente me ha servido para hacerlo mi oficio. Eso sí, mucho más profesional ya que me he convertido en un artista de cerámica tradicional. Siguiendo la estela de un maestro como Miguel Bartolomé, creador de Cerámica a mano alzada, que se ha convertido en un referente de las cerámicas para arquitectura.

Carrera de sacos o carrera de huevos

Se trata de un juego muy sencillo para el que solo se requiere una bolsa o saco y bastante habilidad y equilibrio. Una variante de este juego es la carrera con huevo en cuchara. Los niños tendrán que llegar con el huevo intacto a la meta. Cierto es que para esto necesitamos estar en la calle o bien tener un chalet con jardín. La verdad es que este juego lo recuerdo por hacerlo en las calles de mi pueblo durante las fiestas y era uno de los más divertidos. Aunque es cierto que más de uno se ha llevado una buena caída y herida en las rodillas.

Gallinita ciega

¿Quién no ha jugado alguna vez a este divertido juego? Pues este juego es ideal cuando hay un grupo de niños y únicamente necesita una venda para los ojos (que puede ser una bufanda o un pañuelo). Deben elegir a uno para que sea la gallinita y le vendan los ojos. El resto da vueltas a la pobre gallinita para hacer que se desoriente y luego se coloca en círculo en torno suyo. Después, deberá acercarse a los jugadores (que pueden evitarla moviendo el torso o los brazos, pero no los pies) e identificar al que atrape. Si identifica correctamente, este se convierte en gallinita. Y así se puede pasar una tarde muy divertida.

Juego de palmas

“Toma tomate, tómalo, ia ia oh, plop, Toma tomate, tómalo, ia ia oh, plop, Toma tomate, tómalo, ia ia oh…». ¿Quién no jugado a esto mientras tocaba las palmas? Al tercer “plop” el compañero que espera recibir el palmazo debe esquivarlo, sino deberá realizar la prenda o prueba que se le ordene. La verdad es que es uno de los juegos más divertidos y para el que no se necesita ni un solo material, por lo que el gasto es cero.

Y así podríamos seguir con muchos más juegos que recordamos de nuestra infancia. La verdad es que solo se necesita imaginación y ganas de pasar el tiempo con nuestros pequeños. Así que vamos a aprovechar que son bajitos porque luego crecen y ya no quieren saber nada de nosotros.

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